Al invertir en su marca de empleador, los Top Employers invierten en comprometer y seleccionar gente feliz. Estimular la felicidad no es una herencia de los años 70, sino que se ha convertido en uno de los indicadores clave de las compañías más rentables.
El dinero no compra la felicidad. Así reza el viejo proverbio, muy disputado, sobre todo, por los menos pudientes. Si lo formulamos al revés, cobra más sentido común: La felicidad no hace dinero. Y, en efecto, la mayoría de la gente no piensa que la felicidad por sí misma produzca prosperidad. Pero, cuando te preguntan “qué te hace feliz”, el hecho de tener un trabajo en el que te puedes desarrollar, en el que se te valora y al que puedes aportar tu parte, es tan valorado como el sexo, una familia estable y los amigos. Por eso, la felicidad de los empleados es para las empresas un asunto prioritario a la hora de invertir.
Los gobiernos se están dando cuenta de que los modelos tradicionales para medir la productividad están desfasados. Por eso, el presidente francés, Nicolas Sarkozy en febrero de 2008, pidió a los dos economistas ganadores del Nobel, Joseph E. Stiglitz y Amartya Sen que identificaran las limitaciones del Producto Nacional Bruto (PNB) como indicador de crecimiento económico y progreso social. También les pidió que propusieran indicadores económicos en los que se incluyeran conceptos como felicidad y bienestar. Cuando Sarkozy presentó los resultados en septiembre de 2009 los tildó de “revolucionarios”.
La definición de la forma en la que medimos nuestra riqueza es cada vez más amplia. El problema es saber qué indicadores relacionados con la felicidad pueden ser usados para medir el rendimiento económico.
Felicidad y productividad
Los resultados del análisis llevado a cabo por CRF Institute indican que no hay contradicción entre la productividad y la felicidad de los trabajadores. Obviamente, los Top Employers no son instituciones filantrópicas, pero las medidas prácticas en las que invierten para su gente coinciden sorprendentemente con los factores que la llamada “psicología positiva” identifica como cruciales para ser feliz.
Para empezar, está el concepto de flujo, acuñado por primera vez en 1990 por el psicólogo húngaro el profesor Mihaly Csikszentmihali. Es un estado mental que la gente experimenta cuando está totalmente inmersa en lo que está haciendo. La felicidad es el resultado de un sentimiento de energía focalizada, plena involucración y éxito en el proceso de la actividad. Un violinista puede conseguirlo tocando el violín, un atleta, por ejemplo, corriendo un maratón y trabajadores sobresalientes al finalizar un proyecto o presentarlo con éxito.
Según Jonathan Haidt, profesor de psicología de la Universidad de Virginia, ofrecer trabajos en los que los empleados experimentan de forma regular ese flujo, no es suficiente para conseguir la felicidad de los trabajadores y beneficios para la compañía. No hay necesidad de preguntarle a un atleta o a un músico por qué corren un maratón o tocan música. Simplemente, son felices haciéndolo, a pesar de la dureza o el dolor que ello implica, incluso si nadie más está interesado en lo que ellos están haciendo. Los profesionales que llevan a cabo un trabajo sin embargo precisan de un cierto sentido, una razón por la cual lo están haciendo. Necesitan ver la relación directa entre lo que están haciendo y resultados significativos. Así es como el profesor Haidt conecta la felicidad con la productividad en su libro “La Hipótesis de la Felicidad” (The Happiness Hypothesis, 2006).
Según los “psicólogos positivistas”, la gestión del talento y la inversión en formación y desarrollo mejoran la felicidad de los empleados. No se trata del concepto de felicidad “flower power” de los 70, atacando valores capitalistas como trabajar duro, hacer dinero o forjar una carrera. Más bien lo contrario, es un concepto de felicidad basado en esos mismos valores. Al crear un ambiente en el que los empleados son felices, éstos automáticamente crean un ambiente en el que son productivos. Y también funciona a la inversa: ser productivo contribuye a la felicidad de la gente.
Ser conscientes de los beneficios de tener a los trabajadores inspirados no significa que las empresas deban seleccionar y fidelizar trabajoadictos. Más bien todo lo contrario. Los trabajoadictos se vuelven empleados cínicos y negativos, y acaban por quemarse. Para los empleados inspirados el trabajo no es una adicción, saben exactamente cuándo parar y cómo recargar las baterías. Son tan entusiastas planificando su tiempo libre como sus horas de trabajo. Por eso es una de las grandes claves a las que las empresas deben prestar atención es el equilibrio entre ambas, la conciliación de la vida laboral y familiar.
¿Qué rentabilidad aportan los empleados felices?
Por supuesto que los psicólogos laborales y empresariales estarían encantados de saber si se puede medir el impacto de la felicidad en la productividad. Para empezar, tal como estableció el profesor Arnold Bakker de la Erasmus University de Rotterdam en su discurso de apertura, las investigaciones muestran como las emociones positivas ayudan a sobrellevar clientes y proyectos difíciles y te mantienen más sano. Lo mejor de todo es que son contagiosas, lo que significa que uno o dos compañeros “felices” pueden animar a todo el equipo. Pero, ¿eso significa que las empresas para las que trabajan obtienen más beneficios?
Estudios internacionales muestran como la felicidad de los empleados en el sentido de sentirse inspirados, experimentar el flujo de forma regular y realizar tareas significativas, tiene un impacto positivo en los resultados y los beneficios económicos. Según el profesor Bakker, aportes positivos como el feedback de colegas y directivos, la autonomía, el coaching y las posibilidades de formación y desarrollo convierten al empleado en más creativo e innovador. Y como resultado, estos empleados “felices” están más inclinados a beneficiarse de los instrumentos provistos por RRHH para sus empleados.
La lección más importante que las empresas pueden aprender de los “psicólogos positivos” es que es mucho mejor centrarse en lo positivo que invertir en prevenir o curar lo negativo. En lugar de paliar la saturación, centrándose en el sector más cínico y negativo de los trabajadores, hay que prestar atención a los más felices. Sólo hay una cosa que las empresas deben tener siempre presente: el efecto de la Ansiedad de status.
Ansiedad de status: se bueno y comunícalo.
La felicidad es relativa. No solo las condiciones absolutas hacen que los empleados sean felices sino también todo lo relacionado con el trato de sus compañeros y lo que otras empresas ofrecen a sus trabajadores. Es la “ansiedad de status”, dice el filósofo suizo Alain de Botton, lo que hace que la gente espere ser tratada de la misma forma en situaciones similares. Y sienten una ansiedad constante de perder su status relativo entre iguales. Por eso la política e instrumentos de RRHH debe ser comparada de forma regular y ser totalmente transparente dentro de la empresa.
La influencia de esta ansiedad de status tiene implicaciones a nivel de comunicación externa. Tienes que ser bueno pero además, tienes que contarlo. Ello provoca que los empleados estén orgullosos y por ello se sienten menos ansiosos de perder su status. Por la misma razón, también ayuda a la hora de seleccionar nuevos candidatos. Trabajar para un empleador reconocido supone una mejora de status. Los directores de RRHH deben ser conscientes de este aspecto de Employer Branding.
La felicidad en el sentido que los psicólogos positivos la definen, da la razón al viejo proverbio. El dinero no compra la felicidad, tienes que trabajar duro para conseguirla. Los resultados del World Database of Happiness (Central de datos de Felicidad), una iniciativa de la Erasmus University de Rotterdam, muestra que el nivel de felicidad en países desarrollados no ha mejorado sustancialmente en los últimos cincuenta años, a pesar de la sustancial mejora económica. La ansiedad de status provoca que el dinero haga a mucha gente infeliz en las ocasiones en que sus iguales en circunstancias similares son recompensados con más. Esto significa que el dinero puede causar insatisfacción y a la larga tampoco se convierte en satisfactorio, y mucho menos en fuente de felicidad.
Al invertir en su marca de empleador, aquellas empresas sobresalientes también invierten en gente feliz. No es necesario un nuevo método de medida o un modelo para incorporar la felicidad de los empleados en el balance de cuentas de tu empresa. La rentabilidad es el resultado natural de invertir en la felicidad de la gente. Definitivamente, el dinero no compra la felicidad pero la felicidad de los trabajadores convierte a las empresas en productivas y rentables.